Los chicos ya no sólo quieren divertirse.




LA NAVE DE LOS SUEÑOS, presenta durante todos los viernes de agosto y septiembre una retrospectiva del cine fantástico argentino, en la BIBLIOTECA NACIONAL y para celebrarlo, reunió a los más destacados realizadores del género.

La entrevista se llevó a cabo una fría tarde en el barrio de San Telmo. Eran apenas las seis de la tarde y la neblina trepaba por las paredes, engulléndolo todo. Las referencias a John Carpenter y su película La Niebla se hacían inevitables. ¿Qué mejor locación, qué mejor momento se podría elegir para hablar de cine de terror?

En una mesa redonda, Daniel De La Vega, Pablo Parés, Gabriel Grieco, Ayar B y Tetsúo Lumière debaten, teorizan y demuestran que están en total sincronía.

A pesar de que no todos se dedican al terror, el punto de unión de sus obras es el cine fantástico, una corriente muy desatendida en nuestro país. Y a pesar de que en los últimos diez años surgieron muchas películas de género, nunca terminan de ser realmente populares. ¿A qué se debe?

Parés: Me parece que es demasiado desproporcionado el esfuerzo para hacer algo medianamente digno. Y que la devolución, en el mejor de los casos, pueden ser 6 o 7 mails, con los que no se puede comer. Cuanto más vamos creciendo en Farsa, nuestra productora, más difícil se nos hace continuar. Al encarar una nueva película, se nos vienen encima otros tres o cuatro años de trabajo -según el proyecto que se quiera hacer- y la devolución afectiva es muy grande, pero la económica es nula...

De La Vega: Yo no sé si hay un público que está esperando ver estas películas. Creo que por ahora lo que hay es un gran esfuerzo de mucha gente, que quiere que existan y que tiene fe de que alguien, al final del camino, las va a ver. Tampoco sé que pasaría si se estrena comercialmente una película argentina de terror. Pero si vas un sábado a un shopping a ver una película yanqui de terror, las salas están repletas. Creo que es algo que pasa por nosotros, creyendo en lo que hacemos y con la esperanza de que en algún momento se consolide. En Estados Unidos el mercado es tan grande que siempre va a haber un espectador para lo que tengas para contar. Yo creo que si hacemos una película en que le pegamos a un pedazo de bofe durante 90 minutos sale alguien y dice que es una película de culto…

Grieco: ¡Yo la hago!

Parés: ¡Yo la alquilo!

Ayar B: ¡Y yo la voy a ver!

¿La distribución es una de las mayores dificultades? ¿Es una traba el poco interés que tiene el Instituto de Cine en estos proyectos?

Ayar B: Sí, depende totalmente de eso. Cuando una película está apoyada por el Incaa ya tenés cierta plata para todo lo que es difusión y publicidad, aunque sea muy poco. Mi experiencia con mi primer largo, "Mercano el marciano", ha sido buena. Ahora estoy haciendo otra, con un presupuesto más bajo. Pero los proyectos animados cuentan con mucho apoyo solamente cuando están destinados a los niños

Grieco: En mi caso, voy a encarar mi primer proyecto de largometraje. Y estoy en una etapa de incertidumbre, de ver cómo lo voy a hacer. No sé si voy a tomar el camino del Incaa o hacer como los chicos de Farsa, que les llevó cuatro años terminar "Filmatrón", con mucho esfuerzo, pero con una libertad increíble. La distribución es otro problema que hay que enfrentar. Muchas películas, incluso las que son apoyadas oficialmente por el Instituto, no tienen la posibilidad de exhibirse y que la gente se llegue a enterar.

Parés: Es cierto. Incluso las que se llegan a estrenar están sólo una semana en cartel, nadie se entera y enseguida las levantan. Tampoco es que el Incaa te salva. Quizás podés cobrar todos los años de trabajo, pero se termina y volvés de nuevo a cero. Incluso en los casos en los que te va muy bien, se hace difícil arrancar de nuevo.

De La Vega: Hoy por hoy hay dos caminos: o lo hacés con el Incaa o lo hacés en forma marginal. Yo no me siento culpable de ser marginal, porque prefiero que la película exista. Y hay todo un grupo de gente que se siente outsider y que encuentra en estas películas la posibilidad de hacer un tipo de cine que de otra manera no existiría. Eso sí, por el camino del instituto tenés cierta seguridad. De la otra manera, estás expuesto permanentemente: tu película puede ser comercializada sin tu permiso y te puede llevar mucho tiempo demostrar que la hiciste vos. Igual nunca nos hicimos ricos haciendo estas películas. Tampoco somos felices, ahora que lo pienso...

Lumière: Para mí lo que lleva más tiempo es qué hacer cuando terminás la película. Ahí empieza un problema. Porque el circuito independiente no existe. Salvo algún que otro lugar como el Malba, no tenés dónde pasarla. Hacen falta más espacios. Después está la promoción, que es un trabajo insoportable, que lleva mucho tiempo y esfuerzo.

Parés: El problema es cuando uno proyecta vivir de esto. O hacer una tercer o cuarta película. A lo largo de estos años vimos a mucha gente muy talentosa, que ha hecho cortos espectaculares y después ves que esos pibes desaparecen, que se dedican a la post-producción de cumpleaños de 15 y esas cosas, que evidentemente dejan más plata. Porque lo más difícil de conservar es la energía.

Otro problema es que, con excepción de los dos o tres festivales especializados en el género, no suelen proyectarse productos nacionales ni en el de Mar Del Plata ni en el Bafici...

Grieco: Hace 10 años no había nada, ni espacios para pasar las películas. Hoy está el Festival Rojo Sangre y otros, que más allá del éxito económico, sabés que si hiciste algo más o menos bueno va a haber un público que lo va a ver. Y eso es buenísimo. Yo lo veo como lo más positivo que pasó en estos 10 años.

De La Vega: Yo creo que lo más significativo para el género fue la aparición del Festival Rojo Sangre en los 90. En esa época, si hacías este tipo de cine eras un freak declarado. Pero hay algo que ocurre en la Argentina que creo que no pasa en ningún lado. Hay una movida de género fuerte, que es algo muy nuestro. En parte creo que tiene que ver con la disconformidad enorme que hay con respecto a lo que vemos, que nos empuja a hacer nuestras cosas. Y hay un compromiso muy grande de parte de quienes hacemos este tipo de cine en tratar de hacer lo mejor, Nuestra responsabilidad está ahora en consolidar el género lo mejor posible, como para realmente poder producir y que se pueda vivir de esto.

Ayar B: Yo igual le tengo mucha fe a lo que hacemos, porque hay muy buenas bases: desde El Eternauta en adelante, todo lo fantástico que se hizo acá es muy importante.

Lumière: Nosotros hablamos de esos documentales que se estrenan y que son imposibles, que están mal contados, que son aburridos... Y esos documentalistas también se quejan. Se quejan de que no les dan difusión con respecto a las películas más grandes y así sucesivamente. Creo que cuando yo trabaje dirigiendo películas para la Warner voy a decir "quiero ser independiente otra vez, porque hay más libertad".

Parés: Hay veces que hay que luchar contra los prejuicios. Por ejemplo, en nuestra última película hay periodistas que ni la habían visto y la catalogaban como "ciencia ficción trash" y yo pensaba, "en este festival no debe haber una sola película que tenga el trabajo, la fotografía y el sonido que tiene la nuestra". Eso te lo firmo. Así y todo, el panorama es que antes no podíamos estar en esos festivales y hoy en día sí. En general la respuesta era: no, terror no.

De La Vega: Porque se piensa que si la película es de género, no va a ser una película de autor. Y para mí es todo lo contrario, cada uno de los que esta acá es autor de todo lo que hace.

Grieco: Siento que todos nosotros estamos en el punto medio, somos demasiado chicos para el circuito más pro y demasiado grandes para lo hogareño. ¡Hay que dar el salto!

De La Vega: Yo creo que es tanta la energía que uno pone para sacar adelante sus proyectos, que a la larga no existe una satisfacción acorde a ese esfuerzo. Ni económica, ni moral. Ni existe un reconocimiento que pueda estar a la altura de todo lo que uno pone...

¿Y por qué siguen filmando?

Parés: En mi caso es como una droga: no puedo parar. Apenas terminás una película, ya querés empezar otra….

Lumière: Yo, con tal de no pensar en la vida, prefiero meterme en una irrealidad y trabajar en eso...

Grieco: ¡Para mí la cámara es una extensión de mi mano!

De La Vega: Para mí es la lucha por hacer lo que me gusta. De algo hay que morir y yo prefiero morir haciendo esto

Ayar b: Claro, morir de cine!.